sábado, abril 21, 2007

Con los brazos de otra...


Ahhh la estética¡¡¡...
Justamente en el blog Shikihouse, la autora, hace referencia a un programa de televisión recientemente lazado en España en el cual se hace cambios radicales a las personas por vía de la cirugía estética y demás truquillos.
Dicho programa estuvo bastante de moda acá en Bélgica hará ya año y medio. Primero vino importado de US y luego lanzaron su propia versión local en el lado flamenco del país.
Yo me ví un par de ellos. Suficiente para matar la curiosidad y realmente considerarlos otra basura televisiva más. Sobretodo porque me molestaban dos cosas: 1) el hecho de que la verdad hacían sentir a la pobre persona, por más ya desdichada o insegura debido a algún notable defecto físico que la había acompañado toda su vida, más deectuosa de lo que era en realidad; y 2) les vendían una especie de falsa felicidad "for ever after" por el hecho de haberse desecho de una nariz un poco torcida o una grasita de más por aquí o por allá.
Sin embargo, lo que más me perturbó en uno de los dos programas que vi fué el tremendo impacto psicológico de un cambio tan radical. Impacto este que solo es atacado desde el punto de vista de: "wao verdad que ahora que eres bello te sientes mejor persona"... pero jamás desde el punto de vista de: "me veo en el espejo y no se quien es esa persona que me mira de frente y me recuerda a alguien conocido". Este segundo, el que considero más complicado.
El programas en referencia, fue por demás impresionante ya que fue por partida doble, es decir, una pareja hombre-mujer, deciden someterse a estos procedimientos justo antes de casarse. Para lo cual, de acuerdo a la definición del programa se deben separar por 2 meses... y para agregarle emoción-raiting... les organizaban boda y primer encuentro de ambos luego de las operaciones.
Sin ir a detalles recuerdo les hicieron de TODO pero de TODO, al punto que las dos personas que se juraron amor eterno frente al altar 2 meses más tarde, eran 2 perfectos desconocidos...de quienes eran, no quedaba ni la mirada, porque hasta los párpados y pómulos habían pasado por el bisturí. Recuerdo que como telespectador, me quedé en shock al verlos y miles de preguntas me cruzaron la mente: y.... que tal si ahora no se gustan? siendo la más obvia... que tal si era la mirada de ladito o la ternura en los ojos o esa boquita de lado lo que reconfortaba al otro?...
No por tener una nariz perfecta, pómulos levantados y una dentadura blanquita y parejita una persona es automáticamente bella....más bien siempre me pareció una fábrica de muñecos de porcelana en serie ya que todos tenian al final la misma cara...las mismas PERFECCIONES.
No estoy libre de pecados ni tampoco voy a jugar aquí a "la bella al natural personificada" porque yo misma opté por una cirigía estética para aumentar un poco mis senos y soy una víctima-dependiente de la depilación, en vista de que al nacer el primer comentario de mi papá fué que parecía un monito jajaja... pero me parece que hoy en día en estos afánes de perfección y belleza se pierden un poco las perspectivas, y no hay que despreciar el impacto psicológico de cambios tan radicales...
Es cierto, yo también viví el impacto negativo que causa ser la burla en el colegio porque eres la única que no se le desarrollaron los senos (sintética o plancha de surf) o porque tienes más pelos en el brazo que tus compañeros varónes en plena pubertad... y los niños son crueles.... pero ninguno de esos comentarios marcaron mi vida o me hicieron un ser infeliz o lleno de complejos incurables... como tampoco me han hecho la mujer más feliz de mundo la cera depilatoria o los implantes de silicón...
Justamente hace dos días y por la primera vez en mis 33 años y medio, en un arranque de "probemos algo nuevo" a lo mejor producto de este "ocio forzoso" debido al reposo, decidí por la primera vez depilarme los brazos... es cierto ahora se ven más lindos, más limpios y me descurbrí una cantidad de lunarsito de lo más llamativos, ni hablar de una suavidad acarisiable...pero sin embargo, desde hace dos dias, tampoco puedo evitar de verme en el espejo o cuando escribo y de sentir la extraña sensasión de que ando con brazos prestados....

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