

Ayer fue una noche simpática y diferente. Hace como mes y pico, si no más, el nuevo jefe de jefes… nos pidió que bloquearamos una noche para un “Social Event”.
Esta idea de reunirnos todos en otras extracurriculares surgió gracias a la iniciativa de mi ex-jefe durante mi embarazo y postparto con algunos juegos de bowling a los cuales no pude asistir.
El social event de anoche era toda una sorpresa.

Solo nos dieron cita en la casa del jefe y nos instruyeron de traer un delantal.
Al llegar a la casa y ser recibidas por la hijas del jefe se nos otorgó una carta. La mía un 4 de trébol.

La dinámica del asunto consistió en que nos agrupáramos en 4 equipos de 3 o 4 personas, y cada equipo debía preparar una ensalada y un postre.
La esposa del jefe se había encargado de comprar lechugas a granel, frutas diversas, de preparar la pasta de mil hojas para cada equipo y unas coquetas cestas con los implementos de cocina necesarios para la acción.
También de preparar el plato fuerte, unas lasagnas bolognesas con calabacín y berenjena que estaban muy ricas.

Cuando nos anunciaron la tarea, me dije, por la ensalada ni me preocupo, la verdad me encanta preparar ensaladas y me encanta improvisar ensaladas y vinagretas.
Ahora las tartas no son precisamente mi especialidad. Digamos yo para las postres soy un poco más clásica. Un típico pound cake de esos que requieren tiempo (batir la mantequilla con el azúcar, luego agregar los huevos, luego la harina y el puntito de leche con vainilla para luego meter al horno) me queda riquísimo.

Mi “pie de limón” bien gringo, es un éxito a donde voy. Recuerdo que en una época no podía ir a ninguna reunión familiar si no traía mi “pie” bajo el brazo, al punto que me harté del pie de limón y no he preparado uno más en años.
También puedo improvisar una marquesa de chocolate de esas con galletas de Maria y pudín de chocolate, pero eso de los postres con pasta de mil hojas y crema pastelera la verdad siempre los he comprado en las pastelerías. Total que el challenge era enorme.
Entre los elementos suministrados también había libros de recetas así que habiendo escogido hacer una tarta de peras, nos pusimos a ver como carrizo rellenábamos esa pasta de mil hojas con “algo” + las peras.
Entre mi colega y yo repasamos varias recetas mientras nuestro jefe pelaba y cortaba peras en lonjitas. De pronto guiados por nuestra buena fortuna, el equipo trébol, la receta perfecta y super sencilla cayó en nuestras manos y fue todo un éxito!
Tarta de peras al vino
1- La pasta de mil hojas (que ya estaba echa o para los efectos se compra hecha) se estira y se coloca en un molde de esos flaquitos para las tartas y se lleva al horno con unas pepitas que parecen arroz, que no logré saber como se llamaba, pero que simplemente hacen peso para que la masa no se abombe en el horno.
2- Mientras se cocina la pasta, se mezcla un vaso de vino tinto, un vaso de agua y 100gr de azúcar en una olla. Se lleva a ebullición y se le agregan las lonjitas de pera. Se deja cocinar las peras hasta que absorban el color del vino y se pongan suaves.
3- Cuando las peras están lista se sacan de la olla –dejando el caldo de vino, agua y azúcar en cocción- y se colocan decorativamente sobre la pasta que a estas alturas ya debe estar cocida. Las peras están listas cuando no están ni aguadas ni duras… equivalente de “al dente” pero en peras.
4- Luego la parte más difícil es que hay que dejar evaporar el caldo sin que se queme hasta que vaya tomando consistencia y para ayudarlo se le agregan dos tipos distintos de mermelada. Nosotros utilizamos fresa y albaricoque pero la receta decía frambuesa y membrillo. Poco importa lo interesante es darle la consistencia.
5- Luego se versa el sirop de vino sobre las peras hasta cubrir toda la superficie.
Se deja reposar y antes de servir se mete un ratito al horno.
Eso quedó delicioso. La masa absorbe el sirop y contrarresta el melao de la cosa… una delicia y super sencillo (claro cuando se tiene la pasta de mil hojas pre-elaborada)

Una vez preparadas todas las ensaladas y postres nos sentamos a comer encontrando nuestro puesto vez guiados por nuestra carta (naipe).
Al llegar a casa. Ludo, quien había rentado 2 videos de “horror” para aprovechar mi ausencia, se disponía a comenzar el segundo. Se veía en pantalla el Menú del DVD y la verdad me llamó la atención la forma como estaba filmada.
Ludo me confirmó que se trataba de una película de un monstruo en Nueva York (nada nuevo bajo el sol) que le había sido recomendaba en el club de video.
Sentadita en la punta del sofá más cercano a la puerta, en posición estratégica para salir corriendo apenas saliera el primer indicio del monstruo, me pasé los siguientes 64 minutos. Gratamente sorprendida con lo que definitivamente NO ES mi tipo de película pero que definitivamente tenía algo diferente que me impidió pararme del sofá.
La película es un extraño cruce entre el Proyecto de la Bruja Blair y Godzila, pero mejor. Es filmada como si se tratara de una cámara de video personal con el movimiento de la mano, desenfoques, descuadres, caídas de la cámara, etc.
A ver, no la nominaría para un Oscar pero la idea de basar la película en seres normales y corrientes que se ven sorprendidos por un evento bastante inverosímil y deben reaccionar a ello sin saber que carrizo esta pasando me pareció bastante bien lograda. De todas las películas de monstruos con las que me he topado es una de las más creíbles.
Se acabó la película y pregunté, como se llama eso que acabamos de ver?
Cloverfield me dijo Ludo y voila el tercer trébol de la noche…