
"Profitez bien, car vous etes en train de vivre les meilleures annees de votre vie" *
Con éstas palabras mientras me tendía la mano, me despidió mi ginecólogo ésta mañana de su consulta.
Habíamos estado hablando de los niños y de ésta etapa de la vida en la cual cuesta tanto combinar las ocupaciones pero en la que definitivamente la prioridad la llevan ellos y la familia... según ella estoy lista para el tercero jajaja. Según yo, primero tengo que resolver algunos asuntitos pendientes para poder pensar siquiera en esa opción, que para nada está descartada, pero no es prioridad (lamentablemente).
Lo cierto es que no sé si estoy haciendo mi primera crisis de la cuarentena a los 37 pero hace un par de semanas estaba pensando exactamente en eso que mi Doctora puso hoy en una simple frase.
Ciertamente que los últimos 10-15 años de mi vida han sido los mejores. Y siempre me pongo a pensar en que cada momento es mejor que lo que había vivido hasta ese instante. Han habido caídas, nada es perfecto, pero las remontadas siempre me hicieron más fuerte y sobretodo ha sido esa sensasión de haberle dado forma a mi vida con mis propias manos. O al menos a los aspectos más importantes de mi vida. Y ciertamente ha sido mi vida privada, personal la que se ha llevado la prioridad en ese periodo.
Los mejores años de mi vida en realidad comenzaron el día en que cumplidos todos mis "deberes básicos" persona que viene a éste mundo ya con un caminito mínimo necesario por recorrer para ser parte de "la sociedad" (o sea, escolarización, carrera, volverse útil y trabajar), decidí vivir siguiendo a mi corazón y no siempre el camino sugerido por las flechas.
Pero digamos que llegando más a o menos a la mitad de lo que podría considerarse una larga vida (en el mejor de los casos y si Dios me diera la fortuna de llegar a los 80- pero sabemos que lo único seguro es la muerte y tal vez ya la mitad de mi vida quedó muy atrás...solo que tal vez no llegue a saberlo) uno comienza a sentir que lo mejor no puede durar para siempre. Sobretodo cuando la realidad nos muestra ese otro lado de la vida que viene con el paso del tiempo...el envejecer y que no siempre está lleno de dicha, a veces es hasta duro e injusto...
Los hijos crecen (muy rápido), se independizan y vuelan libres... se pierden por un tiempo y más o menos a mi edad vuelven a apreciar las virtudes de esos padres que de niños idolatraron y de adolescentes hasta menospreciaron...
Es cierto, que no siempre es así. Hay familias que logran mantenerse unidas durante todo el trayecto...con sus altos y bajos, y es ese tipo de familia el que me gustaría tener... una en la que a pesar de las diferencias generacionales grandes y chicos podamos llegar a compromisos y respetarnos y mantenernos juntos...recorrer ese camino juntos. Pero para ser ese tipo de familia las bases deben sentarse sólidamente desde el primer día. No se puede caer de paracaídista cuando los chamos tienen 8 o 12 años y tratar de imponerse o de crearse vínculos que nunca existieron... no, esas familias se construyen en el día a día, en el interés y el trato que damos a nuestros hijos. En como los guiamos por este mundo de locos y que valores les damos.
Pero sin discusión alguna esa etapa en que los niños descubren el mundo es una de las más maravillosas de sus vidas y de las nuestras... la inocencia es la protagonista de cada día... cualquier cotidianidad es un milagro... el día transcurre entre canciones, disfracez de princesas, juegos de hermanos, un bebé que un día se sienta, dos días más tarde se desplaza y un mes más tarde ya quiere salir corriendo...sonrisas, miradas y amor puro y desinteresado.
Y sin embargo, aunque no tengo remordimientos porque el tiempo que paso con mis hijos lo disfruto a plenitud, si estoy conciente de que es muy corto. Y lo discuto con otras madres trabajadoras y todas llegamos a la conclusión de que hay algo en este mundo actual que no marcha bien.
Nos perdemos los mejores años de la vida de nuestros hijos o la disfrutamos de a ratitos. Y ellos también se pierden ese tiempo...el momento en el que más nos necesitan, en el que más quieren estar con nosotros.
La semana pasada estaba de reposo y tuve la oportunidad de compartir más rato con los niños. Cada día fui a buscarlos un poquito más temprano y cada día me gustaba más tenerlos en casa, oírlos jugar, cantar, reír, hasta gritar... sé que ellos también disfrutaron mucho esa semana. Cambia incluso su comportamiento. Leo y Luna comenzaron a jugar juntos porque tenían el tiempo y además estaban menos cansados que de costumbre...
Pero es siempre la eterna batalla para balancear las cuentas y el tiempo...el problema es que las cuentas a veces se llenan y a veces se vacían más rápido... pero el tiempo perdido... no vuelve!
...y queda esa sensación de no estar viviendo a plenitud los mejores años de nuestras vidas...
Los niños crecen demasiado rápido...y sin darnos cuenta y al mismo tiempo, un día se nos fue la juventud...
*"Aprovéchenlo bien, porque ustedes están viviendo en estos momentos los mejores años de sus vidas"





