Me enteré de un chico bastante joven que tiene un IQ impresionante y aparentemente anda por estos días cuestionando la teoría de la relatividad de Einstein.No sé en que terminará eso, pero definitivamente la relatividad del tiempo se ha vuelto tema sensible para mí en estos días.
Siempre recuerdo que cuando era pequeña, los años, que generalmente se contaban en fechas de cumpleaños o pasadas del Niño Jesús, eran una cosa larguíiiiisima…
Pero mientras más se avanza en años, más cortos se vuelven éstos.
Sin embargo, el peor efecto acelerador se produce el día que a uno le nace su primer hijo.
La vida comienza a contarse en sonrisas, horas de comida, habilidades adquiridas con una increíble rapidez (y eso que los humanos somos lentitos). Cambios, cambios y más cambios… Nada más cambiante que la vida de un niño entre el día que nacen y el día en que hablan perfectamente.
Hoy, Luna va para los 4 años. Es un ente bastante independiente y su misma cara ha dejado atrás los rasgos regordetes de bebé para devenir en la más perfilada cara de una pequeña niña.
La oigo jugar, hablar, que no para de hacerlo, a lo lejos y me fascina la forma en que hila las historias, en que domina el lenguaje y se inventa historias con lógica, argumentos y desenlace.
Entrar en una discusión con ella puede resultar todo un challenge porque es una excelente argumentadora, que además posee una memoria que da susto.
Frases como: “tu recuerdas papá que me dijiste que podría ver un cortito Mickey Mouse al terminar de comer y antes de acostarme” o “tu recuerdas mamá que dijiste que me podía comer otro chocolatito…” son ahora muy típicas de nuestras discusiones cotidianas.
Cuando tiene un objetivo no suelta prenda hasta lograrlo o al menos mostrar su profundo desacuerdo cuando no lo logró.
Tiene además un talante de jefa mandona que desespera.
El fin de semana estuvimos en casa de una amiga. Su nena de año y dos meses y Leo, resultaban muy pequeños para “la madura Luna” que ya sabe hablar y jugar y se auto-califica de grande a cada rato que realiza alguna hazaña que antes no lograba hacer. “Luna es grande”. Así que con desdén y un tanto aburrida, se dedicó a ignorarlos mientras se distraía sola, viendo la tele.
La foto la tomé en ese instante. Algo en la foto, no sé si la perspectiva, o la falta de parámetros de comparación me produjeron una extraña sensación de flashforward. Esa estilizada niña con pose natural de Princesa se me pareció más a una jovencita en la adolescencia que a mi pequeña niña que aún no llega a los 4 añitos.
Se me vino el mundo arriba…Dios pero cuando creció tanto?
Al verla a mi lado otra vez, dentro del contexto de la realidad, me di cuenta que si, que aún es una pequeñita de casi 4 que aún habla de lobos y llora en las noches porque quiere dormir con papá y mamá… pero me dije que no tengo tiempo que perder…hay que aprovechar cada segundo con ella porque más pronto de lo que pienso… no será un efecto fotográfico, ni la perspectiva, ni el tema de sujeto solo y fuera de contexto serán excusa… pronto será realmente mi niña la adolescente de la foto.


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