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martes, marzo 08, 2011

Un upgrade? así lo llamabamos en mis tiempos de viajero frecuente

Hace unas semanas compramos una nueva silla para el carro que se podía usar desde el nacimiento y casi hasta la edad de Luna. Se suponía que la sillita me iba a solucionar la vida y el dolor de espalda de portar el porta bebé y el coche pesado. Ludo seguiría con el maxi-cosi.
Pero a veces el remedio es peor que la enfermedad y las soluciones de hoy son los problemas de mañana. Sin entrar en detalles innecesarios, por el momento la silla es más una pesadilla que una solución.
Hoy Ludo olvidó el maxi-cosi en la guardería y me tocó recuperarlo al tiempo de buscar a Leo, pero como la silla está instalada fija y del otro lado está la de Luna, pues el porta-bebé fue a parar a la maleta.
Leíto es un pequeño caso cuando de vestirlo o instalarlo en las sillitas se trata. Su amor por la libertad de movimiento y su defensa por el derecho nudismo, incluso si hace cero grados afuera, son tan fuertes que el tipo se pelea con todas sus fuerzas con tal de evitar la inmovilización que implican estas acciones. Así la pesadilla que les contaba arriba comienza desde el momento de vestirlo con el combinado de invierno y luego se intensifica al tratar de sentarlo en la silla que tiene un cinturon de seguridad atravesado para hacer las cosas "más simples".
Me echo 10 minutos peleando con el carajito, cuando logro meterle los brazos entre las tiras del cinturon de seguridad ya me ha levantado la cadera hacia arriba y pierdo el broche. Cuando logro agarrar el broche entonces ya ha sacado un brazo y así, todo un experto del escapismo y amenizado con gritos y la Lunita regañándolo. Y hoy descubrió además una técnica para sacar el brazo del combinado azul así que se queda una manga sola presa por el cinturon. En fin. Ayer en la pelea se me me cayeron mis guantes de cuero favoritos y los perdí.
Hoy, ya habíamos tenido una pelea para sentarlo al salir de la guardería. Fuimos a buscar a Luna, me tocó sacarlo de nuevo y horror al regresar a instalarlo. El chamo había aprendido un par de trucos más y los 10 minutos de la primera vez ya se iban convirtiendo en 13 cuando decidí instalar a Luna que esperaba afuera regañando a su hermano y agarrar el maxi-cosi que había metido en la maleta. Pelea para el porta bebé pero esta la gané yo porque estaba en el medio de la acera instalando al chamo... y como toda la parte trasera del carro estaba ocupada pues me tocó instalarlo en la silla del copiloto.
Aaaayyyy!!!... cuando ese muchachito se dió cuenta del upgrade que acababa de recibir... la peleadera y la rebeldía se le quitaron al instante. Será sinverguenza el carrizo!
Por entre las dos sillas veía a Luna sentada atrás y cuando finalmente me instalé en mi silla se incorporó y me lanzó una de esas miradas que él da, directas a los ojos y que dicen mil cosas.... mamáaaaaaa!!!!!... ésto es posible? estoy sentado en la silla del copiloto? eso es lo que tu haces por aquí adelante?... y ese niño sinverguenza no me quitó los ojos de arriba ni dejó de sonreír en tooodo el trayecto.
Ahora las peleas serán más duras porque cuando uno ha probado el champagne de Primera Clase... los Pretzel de clase económica saben a plástico...

P.D: si, si, ese con cara de angelito que ven en la foto no hacía ni 30 segundos estaba armando una perrera...

miércoles, octubre 15, 2008

Blog Action Day 2008 - La pobreza

A principios de agosto del año 2004, tuve la oportunidad de conocer El Cairo.
Ese viaje lo recuerdo así como en screen-shots, es decir, recuerdo momentos y experiencias pero no toda las secuencias. Pero fue un viaje que marcó un cambio significativo en mi manera de ver al mundo.
Fue un viaje de turismo y como era lógico estuvo cargado los típicos lugares comunes: la visita a las pirámides de día y de noche para ver el show de luces, foto montada en un camello, alguna visita a una fábrica de tapices artesanales, un templo, por aquí una esfinge por allá, el museo arqueológico, en fin lo clásico.
Sin embargo, hubo un día que realmente me marcó para siempre. Hicimos un pequeño tour por la ciudad y sus alrededores para el cual contratamos los servicios de un viejo taxi que estaba apostado en la puerta del hotel y que ofrecía “una mirada distinta a la ciudad”... y vaya que fue distinta. Con el taxi nos internamos en el Centro de Cairo, fuimos a la Medina, algunos miradores con vista panorámica de la ciudad todo esto acompañados de una estampita de "alguna virgen" que se exhibía entre el tablero y el parabrisas. Cosa curiosa, habiendo estado rodeados de mujeres en burkas negras, presenciado las plegarias que agarraban a la gente en pleno shopping en el centro comercial lo cual no era excusa para que el mundo se parara estos sacaran sus tapices y los orientaran hacia la meca (siempre me pregunté como sabían que la Meca estaba para ese lado en el medio de un pasillo enfrente a una tienda de camisas), se arrodillaran y comenzaran a rezar, jeques, mezquitas y pare de contar... la verdad me pareció demasiado inusual ver aquella virgen.
La respuesta a mi curiosidad vino luego de concluir con los paseos típicos. Viendo que aún teníamos algo de tiempo, este señor nos preguntó directamente si éramos católicos. Nos explicó que el también lo era, cosa que explicaba la virgen, y nos ofreció llevarnos a uno de los rincones menos conocidos del Cairo. El Cairo cristiano. Nos habló de unos cinco o siete templos católicos esculpidos directamente en la montaña , y que si mal no recuerdo poseían su propia leyenda que contaba como cuando los musulmanes llegaron a las tierras de Egipto, un apóstol movió las montañas para evitar que estos pudieran entrar o algo así, que probablemente pudiera relatarles mejor si no fuera porque al final de ese paseo solo guardo algunas pocas memorias del objetivo del paseo que era la visita a los templos en cuestión. Pero de lo que si guardo frescos los recuerdos fue de lo que nos tocó ver/oler en el camino hacia y desde aquel lugar.
Aceptamos porque nos pareció curioso, sobretodo porque no habíamos leído nada del tema y aún años después he buscado información en Internet y no hay nada al respecto. Si no fuera porque lo viví... Es como si fuera un lugar secreto o muy bien escondido.
Para llegar a Dios tuvimos que atravesar la pobreza en su expresión más inhumana.
Hasta ese día, mi concepto de pobreza se limitaba a las imágenes dolorosas que llegan de niños africanos, afectados por enfermedades ya erradicadas en el mundo occidental. A los niños que me toco ver en algunos orfanatos de Caracas. A los ranchos que rodean Caracas. A unas camitas que me toco pintar y unas cuantas telarañas que me tocó limpiar en una escuelita abandonada en algún lugar de Caracas y que íbamos a ayudar a reabrir como orfanato.
No hay palabras, ni fotos (que por respeto a lo que vimos, no fuimos capaces de tomar ninguna, fue como si se me hubiese congelado en dedo en el disparador) que puedan describir lo que vimos en aquellas callejuelas.
Corrían riachuelos de un agua color gris que olía a muerte... en las esquinas se veían mercaditos con escasos productos, verduras marrones de tierra, tomates mal lavados. Los niños, completamente sucios y con ropas desgarradas, corrían con los pies descalzos entre las aguas apestosas, jugando y sonriendo totalmente inocentes a la miseria en la que habían nacido. La basura era parte integral de las vidas de los habitantes del lugar.
Al mirar hacia adentro de sus casas, especies de gallineros de puertas abiertas, se veían viejecitas y jóvenes sentadas al rededor de torres de basura... y el olor...eso olor además adobado por los 43 grados de temperatura que nos acompañaron durante nuestra estadía en Cairo. El olor era tan penetrante que traspasaba los vidrios cerrados del taxi.
El olor que esos niños y esas ancianas desdentadas debía respirar cada instante de sus vidas…era el olor de La Pobreza.
Nos explicó el taxista que dicho pueblo era una especie de centro de recolección y selección de basura de la ciudad. La gente vivía de (y con) la basura... seleccionaba y separaba para reciclaje... pero todo esto bajo unas condiciones infrahumanas. La cantidad de infecciones y la mortalidad eran muy altas. Los alimentos constantemente contaminados ya que el agua disponible para el lavado de los alimentos era la misma que corría por las calles llevando aquel olor....
Estando en el centro de aquella miseria no pude evitar cuestionarme todo sobre mi vida... y la vida en este mundo. Como es posible que las diferencias sean tan grandes entre unos y otros y que no hagamos nada al respecto?. Cómo es posible que aún en esta época con tanta información con tantos intercambios culturales, con tantos viajes, tantos documentales, tanta gente que como yo ha podido ver de cerca la cara de esta realidad, aún no seamos concientes de ella, o al menos lo suficiente como para entender que todos debemos hacer algo?
Es cierto que no esta en mis manos cambiar el mundo, pero si al menos influenciar lo que está a mi alcance. El poder de uno es el poder que todos tenemos para lograr un verdadero cambio.
En mi caso, me dedico desde hace un tiempito a apadrinar Unicef. Doy una donación pequeñita mensualmente (que se que no cambia el mundo ni calma tampoco mi conciencia) y a veces apoyo algún proyecto específico de reconstrucción de alguna escuela. Pero esta pequeña contribución monetaria no calma mi conciencia. Por el contrario, siento que debería hacer mucho mucho más. Pero no sé que ni como.
Entre mis objetivos esta crear en mis hijos, por ahora Luna, la conciencia de que existen estas diferencias. No quiero que crezca ajena a ella. Quiero que entienda como es el mundo y que sea ella también capaz de ayudar, ojala de formas más creativas y eficientes de las mías (aunque siempre estoy pensando en mejores formas de aportar mi grano de arena, como digo no tengo la conciencia en paz con respecto al tema).
Más allá que los típicos argumentos de cómetelo todo porque hay niños que no tienen que comer, tratar de hacerla entender que cada uno de nosotros puede ser un factor de cambio.
Pero definitivamente La Pobreza no se soluciona solo con donaciones… la única forma es creando desarrollo. No es regalando peces sino enseñando a pescar.

Para concluír nada mejor que una frase de la pequeña Libertad de Quino, con su conocida simplicidad:

"Para mí lo que está mal es que unos pocos tienen mucho, muchos tienen poco y algunos no tienen nada, si esos algunos que no tienen nada tuvieran algo de lo poco que tienen los muchos que tienen poco... y si los muchos que tienen poco tuvieran un poco de lo mucho que tienen los pocos que tienen mucho, habría menos líos... pero nadie hace mucho, por no decir nada para mejorar un poco algo tan simple."