Hoy fue el regreso a la oficina. El comienzo de la nueva rutina. El retorno a la "normalidad".La verdad tenía ganas de regresar. No que me apasione el trabajo pero necesitaba volver a recuperar un poco el equilibrio perdido y comenzar a ver el verdadero impacto del "add one plus" a la rutina.
La noche fue dura ya que el Leo, que desde hace una semana nos dormía casi la noche completa, anoche decidió dar fiesta desde las 2:30 AM hasta las 4:30 AM, hora en que yo caí rendida y creo que lo dejé haciéndole sonrisitas al papá.
Cuando sonó el despertador a las 6:45 AM tenía muchas ganas de voltearme para el otro lado. Por el contrario salté de la cama, antes de que fuera más difícil, hop, a la ducha y allí continué el proceso de despertarme.
Hoy era la fiesta de carnaval en la escuela de Luna así que tocaba disfrazarse.
Salí de casa con los dos. Dejámos a Leo primero, luego a Luna. Tiempo suficiente para observar las "vainas de mujer" de Luna y su amiguita Justina. No más Justina la vió, salió a recibirla y comenzaron a compararse, yo, yo tengo una corona y tu no-decía una- pero yo tengo collares y pulseras y tu no tienes (OH MY GOD!) una fotito a las cuaimas, digo a las Princesas y hop terminadas las funciones de madre por el día... la ejecutiva toma el testigo.
Llegué poco antes de las 9. Mis colegas me dieron un calurosa bienvenida, las formalidades de las preguntas por los niños y por lo duro del regreso (para lo cual no tenía grandes comentarios) pues me pusé a leer emails y ver si todos mis accesos funcionaban aún. Es increíble estuve fuera desde agosto. El tiempo pasa volando pero a la vez uno pierde como rapidez.
No sé que decir de mi regreso como tal. Es como que no tuviese sentimientos al respeto. Será la madurez que finalmente logró atraparme? Simplemente llegué a tratar de meterme en ritmo lo más rápido que se pueda pero sin apuros, me explico?
El dolor de espalda no me abandonó en ningún segundo y por el contrario se fue haciendo más y más intenso. Alterné con caminatas, estiramientos y visitas a otros colegas, solo para evitar estar sentada. Pero la cosa está dura. El nivel de dolor es sinceramente inaguantable y permanente. Me cuesta mucho caminar y debo evitar movimientos bruscos que me paralizan del tirón. A lo mejor es esa concentración tan intensa de dolor que me acompaña desde el viernes que no me permite sentir nada respecto a mi regreso a la rutina.

