
Había una vez un departamento en donde trabajaban dos mujeres, llamémosles Ana y Beatriz. Eran las 9:30 de la mañana de un viernes.
Ana estaba discutiendo con un colega másculino sobre como mejorar un gráfico en el que había estado trabajando desde la noche anterior a petición del SUPER BOSS (o sea el BOSS de su BOSS) y que la tuvo en la oficina hasta las 8 de la noche.
Beatriz, encargada de recopilar cierta información, proceso este que se lleva a cabo mensualmente luego del mediodía, se detiene, interrumpe la discusión de Ana con su colega relativa al gráfico, y hace notar que ella podría comenzar su trabajo de recopilación más temprano en el día de hoy, si no fuera porque 3 de las compañías que son responsabilidad de Ana son las únicas que se encuentran pendientes. Esto en un tono más bien de reproche que dado a estar fuera de los horarios normales del deadline no tenía lugar.
Ana llegó ésta mañana a las 9 de la mañana y se fijó como objetivo del día, inicialmente terminar el gráfico que SUPER BOSS había solicitado, y luego dedicarse a su trabajo normal del día que incluía terminar el trabajo en estas tres compañías antes de las 12 del mediodía y así poder cumplir con ambos deadlines en su orden de prioridades.
A pesar del comentario tan antipático, porque el comentario fue dicho con la clara intención de hacer ver que Ana estaba bloqueando el trabajo de Beatriz, Ana todavía trata de explicar que ella había colocado como prioridad el gráfico con el que estuvo peleando hasta las 8 de la noche de ayer y que lo otro estaba en su lista de cosas por hacer esta mañana pero en segunda prioridad porque entendía que tenía hasta las 12 para ocuparse de ello, como todos los meses.
Beatriz, malcriadamente molesta salta diciendo que lo que se necesita hacer no toma ni tres minutos y que Ana podría hacerlo sin que eso perjudique el gráfico en cuestión.

Ana, se marcha un poco furiosa a su puesto. Hace en tres minutos los tres cambios y envía un email:
HECHO en las 3 compañias. Continua con su gráfico.
Beatriz, responde:
Gracias, viste que solo te tomó 3 minutos.
Ana, que se ha calado ya unas cuantas malcriadeces de estas en los últimos 5 años responde:
Beatriz, La discusión no es acerca de los 3 minutos que toma, sino sobre la forma en que fue hecha la petición.... Yo nunca he tenido problema en parar cualquier cosa que esté haciendo para atacar otra prioridad. A estas alturas ya deberías conocer mi forma de trabajar y de colaborar con mis colegas. Eran apenas las 9:30 de la mañana y asumí que tenía todavía tiempo hasta las 12 de trabajar con las tres compañías, luego de haber terminado con la petición urgente que hiciera el SUPER BOSS ayer. Eso es todo.
No habían pasado 3 minutos que Beatriz se presenta en la oficina de Ana, cierra la puerta y le pregunta que como OSA ella escribir eso.
Ana, sorprendida, porque en realidad creía que Beatriz venía a disculparse le insiste en que hay formas de pedir las cosas.
Beatriz, muy alterada le dice que ella (Ana) estaba fuera de sí y nerviosa por su gráfico y que había entendido todo mal.
Ana, habiendo sugerido a Beatriz que se calmara, cosa que la molestó más, insiste en hacerle ver que es muy desagradable (y poco rasonable) reprocharle a alguien, que está en medio de un trabajo, no precisamente conversando de la película que vió ayer, sino trabajando, que por "su culpa" Beatriz no puede avanzar, cuando aún faltan 3 horas oficialmente para la hora del deadline y le recuerda que ella tiene derecho a organizar su tiempo en función de las que cree son sus prioridades.
Beatriz ofendida le dice que ella (Ana) empezó.
Ana insiste que no, que ella (Beatriz) fue la que escribió: Viste, solo te tomó 3 minutos y que su punto de honor no era "el tiempo que toma", sino la forma de pedirlo.
Beatriz le dice que ese comentario fue respuesta a su abuso de haber escrito HECHO en mayúsculas. Ana no usa códigos de ese tipo y aún encontrando ridícula la afirmación se excusa amablemente diciéndo, no fue mi intención… HECHO, TO DO, son cosas que ella (Ana) siempre escribe en mayúscula.
Beatriz pierde las armas ante esta explicación y lanza esta perlita:
Acuerdate que tu y yo somos mujeres en un mundo de hombres y tenemos que darnos nuestro puesto y protegernos porque los colegas van a decir que estamos actuando como unas histéricas y que son cosas de mujeres…
Ana, no pudo con aquello. Al ver que ambas caminanban en mundos tan distintos simplemente se limitó a repetir, disculpa, HECHO en mayúscula no tuvo ninguna cognotación... mientras pensaba… esta mujer sufre de un grave complejo de mujer.
Qué quiero decir con esta afirmación?
Es cierto, las mujeres hemos dado una importante batalla para ser consideradas iguales. Es cierto, existe mucha discriminación aún y está ciertamente demostrado que mujeres y hombres no recibimos exactamente los mismos números al final del mes. Pero siempre he opinado que si bien tenemos derecho a ser tratados con IGUALDAD DE CONDICIONES, no es cierto que seamos iguales. Y la batalla del feminismo la perdemos en el momento en que queremos ser hombres y no aceptamos que somos mujeres.
No, no somos hombres. Somos mujeres que trabajamos. Yo no tengo ningún complejo de inferioridad, ni me estoy midiendo con mis colegas del sexo opuesto. Tapoco tengo que demostrarles nada. Yo soy como soy. Yo estoy exactamente donde he querido estar. Si no gano más es porque no ha sido una prioridad para mi eso de saltar de aquí para allá por el simple móvil monetario. Para mí como para las tres compañías de Ana hay otras prioridades. Pero estoy segura que si me lo propusiera mi curriculum y mi experiencia me pagarían el precio que me pusiera en la etiqueta. Si no lo he hecho es porque asumo mi posición de mujer que trabaja pero que a la vez quiere ser esposa, madre y mujer, albañil, cocinera, cuenta cuentos y Susan Boyle a la vez, porque así lo he querido. Reglótica, mal humorada a veces, pero jamás injusta o irrespetuosa.
Nunca seré un hombre porque a mucha honrra soy mujer con todo lo que implica.
Ana entendió en esa sola frase lo que la ha mantenido alejada de Beatriz durante casi 5 años. Comprendió el por qué de sus ataques de malcriadez, los argumentos de algunas de sus discusiones y algunas actitudes.
Más tarde y porque simplemente Ana no se considera una mujer libre de pecados volvió hacia su colega, el hombre, con quien discutía sobre el gráfico. Le pidió su sincera y abierta opinión poniendo claro que no se ofendería ni trataría de explicarse en el caso de que él, una persona por demás muy sensata, considerara que si fue Ana la que dio pié a tal disputa.
Su colega le respondió que él no intervino porque ya son años de peleas y disgustos de ese tipo y sin razón y que no creía conveniente tomar partes. Pero que definitivamente la forma en que Beatriz se dirigió a Ana y todo lo que ocurrió estaba fuera de lugar. Agregó él que menos mal Beatriz se había dado cuenta de su error y había pasado por la oficina de Ana a excusarse. Se quedó boquiabierto cuando supo que este no fue el verdadero móvil de tal reunión…
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