Una de las ventajas más importantes que dan los idiomas es poder leer los libros en su lengua original y la posibilidad de aprender un poco más de la cultura a través de sus escritores y en su forma exacta de expresarse.
Una vez en una espera fastidiosa de aeropuerto traté de leer El amor en los tiempos del cólera de García Márquez en inglés y descubrí el terrible mal que puede hacer un mal traductor a un excelente autor. Desde ese día decidí que prefería no leer un libro antes que leerlo mal traducido. Se pueden traducir las palabras pero captar el estilo de un autor es una tarea muy dura. No digo que no existan buenos traductores, los hay pero creo que para realmente transmitir lo que el autor piensa en el subjetivo acto de plasmar sus pensamientos, se requiere meterse en los zapatos del autor y no todos lo logran.
Digo esto porque hoy me topé de nuevo con un nombre que siempre olvido. Lo reconozco cada vez que lo veo y me digo ahhh tengo que leer un libro de esta autora, pero lo vuelvo a olvidar. Esta vez la googleé de inmediato, me mandé por e-mail la lista de sus libros hasta la fecha, busque reseñas de al menos dos que me llamaron la atención y decidí escribir este post para no olvidarla de nuevo.
Mientras vivía en Paris tuve la oportunidad de ver mucho cine alternativo, es decir, todo aquello que no tiene el sello Hollywood y que huele más bien a Festival de Cannes y a esas cosas que uno de mis ex-novios llamaba película aburridas.
Una de las que más me gusto se llama Stupeur et tremblement, la historia de una chica Europea (más tarde descubrí que belga pero en aquellos tiempos ni soñaba yo que algún día iba a vivir acá) que habiendo nacido y pasado los primeros años de su vida en Japón, decide ya de grande y una vez finalizados sus estudios en Bélgica, retornar a su país soñado para ejercer en una gran compañía japonesa. La película de corte dramático pero lleno de mucho humor, relata su frustración ante un medio y una cultura de trabajo totalmente diferente a la conocida. Lucha por mantenerse fiel a su sueño japonés hasta que lentamente debe admitir que no puede con la diferencia y deja partir su idealismo infantil.
Eso es lo que recuerdo al menos. Siempre quedé con la idea de leer más sobre el film para entenderlo en toda su complejidad.
Años más tarde descubrí que la chica de aquel film se llamaba Amélie Northomb y que es una escritora belga bastante prolífica. Descubrí que aquel personaje caricatural que desafiaba a las diferencias culturales era ella misma y que aquel film era autobiográfico…
No sé como será leerla, pero si sé que antes de terminar este año voy a leerme al menos un libro escrito por ella en su lengua natal, el francés.
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1 comentario:
Vaya... has dado con una de las escritoras favoritas de mi pareja. En casa creo que están todos sus libros... eso sí, los editados en español. A él le encanta. Le preguntaré si hay alguno que te recomiende más fervorosamente.
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