
Cuando uno tiene que vivir en el invierno después de haber crecido en un país ecuatorial toda su vida aprende que para sobrevivir un invierno hace falta sobretodo...unas buenas botas y una buena bufanda. Los guantes y gorritos ayudan también con la sensación térmica pero en la medida en que uno mantiene los pies calientitos y el pecho protegido...las posibilidades de un resfriado disminuyen casi tan efectivamente como con la vacuna. Mis primeras botas las compré en Zara en Caracas por allá a finales de 2001 cuando iba a venir por la primera vez a pasar navidad en tierras europeas... y la pegué. Resultaron buenísimas. Al ser planas (sin tacón) resultaron ideales para las largas caminatas descubriendo por la primera vez Paris, Madrid, Los Jardines de Versailles, entre otros. Al ser altas y bien impermeables me ayudaron a mantener los pies bien calientitos... y tampoco eran tan feas... hace dos años les falló una costurita de la parte de atrás. En esa época estaba haciendo el MBA, y habiamos agotado los ahorros en un lindo año en Paris así que no tuve corazón, ni fuerza para botarlas y comprar una nuevas. Reparadas y todo cumplían su función. Hoy en día ya cuento con 4 pares de botas más...pero ningunas como estas. Sin embargo la semana pasada el cierre lateral de la bota izquierda decidió morir... las voy a extrañar pero hay que ver que cumplieron más que bien su misión. Au revoir mis botitas y ojalá las sustitutas que compre sean tan buenas como estas...
















































