Una de las cosas que más me gustó de la película Sex and The City 2, fueron las escenas de Charlotte en su faceta de madre. Si recordamos bien, Charlotte interpreta al personaje de la mujer perfecta o políticamente correcta. Muy discreta en su vida amorosa. Profesional excelente, buena posición social, elegante, culta, siempre cauta y adeacuada en todo lo que dice o hace. Incluso el fracaso de su primer matrimonio lo maneja con absoluta clase. Luego vivimos con ella toda la frustración de la mujer que habiendo estado preparada toda su vida, teniendo como mayor anhelo el formar una familia de librito muy a la Susanita con esposo perfecto e hijitos y siendo el prototipo de la "madre to be" perfecta, sin embargo, por cosas de la naturaleza no logra quedar embarazada.
Es tanto el asunto que cuando logra la adopción y luego más tarde queda embarazada en el momento menos esperado, las lágrimas, en una serie que no es precisamente el target de serie llorona, no se hacen esperar.
Ahora en el film, se nos muestra a Charlotte en pleno ejercicio de la vida que siempre soñó. Esposa perfecta, mujer realizada en su labor de madre de 2 niñas de portada de revista... solo que la pequeña está atravesando los TERRIBLE TWO.
Aunque nunca me sentí identificada con Charlote durante la serie, porque en alguna curva del camino me salí discretamente por la salida de emergencia a esas pretenciones de ser la súper mujer y acepté que eso del vestido blanco y la boda con carroza y cisnes no era lo mío. Luego en otra curva también me di cuenta que el taller de súper ejecutiva, deboradora de hombres y en constante competencia por tumbar al género opuesto demostrando que era mejor que ellos tampoco lo era. Pues encontré un punto medio en esta mujer bastante pies a la tierra y llena de defectos que no es especialista en nada pero más o menos se defiende bien y se adapta a todo y que tiene como filosofía de vida tratar de disfrutar cada momento de las cosas que para mi son importantes.
En lo único en que si concordaba con Charlotte era en la parte la debilidad por los niños. Si bien nunca corrí la carrera por la boda y el ama de casa perfecta... la única cosa que siempre estuvo clara en mi mente desde que nací, creo, fue mi deseo de tener hijos. Y no solo tenerlos en la panza 9 meses y luego soltarlos al vacío, no, siempre he soñado con ser LA MADRE perfecta. Pero tampoco desde el punto de vista de ser la madre sacrificada que no duerme de angustia por los hijos enfermos, o la que solo les cocina alimentos cargados de proteínas, minerales, micro-nutrientes macro-bióticos, hierro, vitaminas y oligoelementos.... no no... para mi la perfección tiene un bemol más social y psicológico. Mi real preocupación es la de ser la madre que les de todas las herramientas necesarias para afrontar esta vida. Que además les proporcione seguridad, confianza. Que logre que ellos vean en mi a una persona que merece respeto, no porque pega cuatro gritos y dice es si porque si, no, sino porque entiendan que lo que hago tiene un sentido y una lógica. Una madre que además tenga la capacidad para aceptarlos como son, entendiendo las diferencias que surgen entre cada generación y siendo lo suficientemente abierta de espiritu para no cerrarme en mis ideas y ver que hay caminos alternativos que no difieren de mis valores básicos.
Básicamente me sentiría realizada como madre, si a un cierto punto del camino, mis hijos, tomen en camino que tomen, siempre tengan a su madre y padre como ejemplo y quieran estar en nuestra compañía. No por obligación, sino porque mamá y papá son gente que cuenta y a quienes uno desea tener a su alrededor. Así de simple. Hasta el día que nació Luna me sentí absolutamente segura de ser el casting perfecto para el rol.
Sin embargo, en el día a día, la celebre cotidianidad, hay ciertos momentos en que esos anhelos de perfección se estrellan contra la falta de paciencia y de ese ideal de madre perfecta a mi manera, me veo convertida en un ogro de siete cabezas a la que no le funciona ni medio cerebro de los múltiples que se supone posee. Y me siento mal. Me siento culpable y al ver el film me sentí absolutamente identificada con esa Charlotte que pierde los papeles cuando la hija perfecta le clava dos hermosas manos llenas de pintura roja en su falda vintage color crema, mientras la otra llora y llora todo el santo día.
La pobre en concordancia con ella misma, se niega a aceptar que la hijita es un problema y que ella no es tan perfecta como siempre lo pensó. Pero en su propia imagen, ella siente que si la ama, debe aceptar y armarse de paciencia para lidiar con el asunto sin perder la careta de madre perfecta.
En mi caso es una Lunita, muy pilas pero extremadamente testaruda que siempre sabe mejor que nadie como quiere hacer todas y cada una de las acciones del día... desde que se baja de la cama hasta la forma en que se va a montar al carro, sentarse, amarrar el cinturón, hasta cuando y donde le sale de la imaginación ponerse o quitarse los zapatos. Para colmo la maña cambia cada día por lo cual es imposible simplemente adaptarse a la rutina. El problema no es una maña o la otra es la sucesión de mañas desde la mañana hasta la noche que llegan a hostinar hasta al más paciente. Es que para cualquier minúscula acción a realizar existe THE WAY, LUNA´S WAY, de hacerlo. Así es, para desvestirse, para entra al baño, para bañarse, para hacer pipi... para lo que sea... todo tiene que venir precedido de un NOOOOO espera es así o asao... un simple, sientate para mojarte es NOOOOO es Luna la que se moja. Noooo es Luna esto o Luna aquello TOOOOOODO.
Luego es que para cada comida ella tiene que dar su opinión y lo que hoy es su comida favorita, mañana es a Luna no le gusta eso... lo peor es que es pura maña porque se sienta y se come el plato entero pero todo tiene que venir acompañado de una discusión y cuando uno se cree que la cosa va por buen camino, que el número de quejas y mañas ha disminuido siempre hay un punto de inflexión que cambia una agradable cena en la que todo el mundo come en paz por una crisis de mañas o gritos.
Así fue esta noche... resulta que a Luna no le gusta la pasta. La carajita que pide pasta cada día durante una semana, decide hoy que no le gusta. Me hice la sorda y en efecto empezó a comerse su pasta con el mismo gusto que cada día. Todo iba muy bien, cada una comiendo de su plato y todo en calma.
En un momento dado me pide agua. Cuando le voy a servir el agua, me pide granadina (todas las noches es el mismo cuento) y tiene que ser un vaso lleno hasta arriba o lo que ella llama "un grand".
Pero yo ya estoy cansada de la misma maña cada día. Agua = granadina y grande y cuando el vaso está servido lo mira y ni lo prueba y cada día se bota el vaso de granadina entero o se lo toma el papá o se guarda por días.
Así que le dije, te lo sirvo y te lo tomas. Si no te lo tomas es el último vaso de granadina que te sirvo.
Cuando el vaso está servido me arranca la botella de agua de la mano y se la lleva por el pico a la boca que esta llena de pasta y salsa.
Le digo, como cada vez que agarra una botella por el pico, Luna en la casa se bebe el agua en VASO, bebemos por la botella cuando estamos en la calle. Tu papá te lo ha explicado 100 veces. Dame la botella.
NO, me contesta y sigue...
...dame la botella Luna o te la quito... tu granadina esta lista si quieres agua toma del vaso
A todas estas ya había un pedazo de pasta flotando en el agua de la botella y todo el pico lleno de salsa.
Por tercera vez le pido la botella y se vuelve a empinar el pico... como si yo estuviera hablando con la pared (actitud que tiene el poder de sacarme de mis casillas).
Ya es la N vez del día y mi paciencia está en bajito o negativo... de un manotazo le arranco la botella de la mano, el agua sale volando por los cielos... en plena furia boto por el fregadero lo que queda de agua en la botella... y empieza la crisis...
Luna tiene sed...quiere aaaaaaagua....
Le digo golpeado si Luna tiene sed tiene un vaso entero de granadina enfrente de ella...
NOOOOOOO Luna quiere agua de botella.
No hay más no viste que la boté porque estaba sucia llena de salsa y pasta. Tómate el vaso de granadina. Tu lo pediste. Tomátelo.
Noooooo
Entonces termina de comer y luego te tomas la granadina...
Luna no tiene hambre...y continuan los gritos y el llanto...
Ya histérica y fuera de mi... agarré el vaso enterito de granadina y lo eché sobre el plato de pasta en frente de ella y le dije que se fuera para su cuarto a seguir llorando.
Entonces se va pegando gritos a su cama (como si lo que ocurrió fuera una terrible injusticia) diciendo que ella tiene hambre y quería más pasta...
El ogro de 7 cabezas descerebrado le dijo que cuando mucho tendría un tetero y que si no se había dado cuenta que su pasta estaba llena de granadina e incomible???
Pobre niña, no llega a los tres años y me sentí como la madre de la que cualquier hijo quiere escapar. Tan ajena a mi ideal de perfección...
Pero ya me la ha hecho que después de estar en su cama sin haber querido comer durante 45 minutos empieza el jueguito de Luna tiene haaaaambre... va a comer y vuelve y no come nada por 15 minutos más y se va otra vez a la cama y a la media hora convence al papá de que va a comer y se la vuelve a hacer a él...
Entre lo mal que me sentía en mi faceta de ogro, me dije... ni de vaina arranco con el jueguito hoy porque con los agotados niveles de paciencia que ya tengo, me va a dar una vaina... y así se fue a su cama. Con un tetero y medio plato de pasta. Más la imagen de un ogro de 7 cabezas que le echó la granadina a lo que quedaba de su pasta.
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5 comentarios:
jajajajaja Que duro el oficio de mamá educadora de monstruitos en potencia...jajaja
Pero es así como describes, me vinieron un montón de recuerdos a la cabeza, pero...ayer mi hija pequeña favorita, mamá de dos mostruitos en potencia que hay que evitar que terminen siéndolo, me dijo, "gracias papi por como me educaste"
casi me pongo a llorar de emoción, esa sola frase compensó toda una vida de padre educador de niñas, una vaina bien difícil cuando está uno divorciado y ellas viven a cargo de uno, yodo, absolutamente todo quedó compensado con esas sencillas palabras...
Besitos, salud, y...mucha paciencia!
Ay Maie, sorry me mataste de risa!!! Sos buena escritora.
Quizá en realidad me maté de risa porque me vi reflejada en tu historia, y no porque Ignacio sea remotamente como Luna (esos lo único que tienen en común son las cejas) sino porque siempre pensé que la carajada iba a ser más fácil, y que vaaaaaaaaaa. Y eso que a mi me tocó uno que so lo hechas del cuarto se castiga solo en su rincón, pero a veces! A veces me transformo en el monstruo descerebarado de 7 cabezas y zazzzzzzzzzzzz hago unas cosas que no me conozco y luego me quedo pensando ¿quién diablos fue esa?
Que te digo, la Lunita se las trae! Tiene un carácter esa nena. Lo único que se me ocurrió hacer con ese duende tuyo es lo que que hago con Ignacio, dejarlo decidir en cada opción que sea posible que él decida y gane. Es decir no puede escoger la hora de ir a dormir pero puede hacerlo con el cuento y la pijama.... de pronto me sentí tonta escribiendo eso porque se que lo hacés con Luna...
Mirá, lo que te queda es rezar para que bebé (ya tenés nombre??) tenga un carácter más llevadero. Yo rezaré por mi caso y sino, me pasás tu número de teléfono para cuando entre en crisis
Miles de abrazos a cada una de tus siete cabezas.
te entiendo Maiella, yo creo que en esta edad ellos nos retan mucho, es como probando hasta donde llega el limite. La verdad es que a veces es una competencia de hasta donde uno le llega la paciencia... solo espero que sea una etapa pasajera, tambien el que uno trabaje tiempo completo no ayuda porque uno esta cansado y tiene menos resistencia. Bueno uno disfruta los momentos buenos y de estos se aprende.
Ya te dejé un discurso larguísimo por mail al respecto, así que pa' qué lo voy a escribir aquí también?
Voy a tomar esto como una advertencia de lo que posiblemente me espera, porque el coñito es bien arrechito! Por eso también le decimos "Matica"
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