jueves, octubre 14, 2010

Divagaciones sobre Bésame mucho*

El libro de Carlos González que les comenté en otro post tiene un capítulo que me ha gustado mucho en donde expone abiertamente las teorías con las que no está de acuerdo (Capítulo tres: Teorias que no comparto).
Creo que si algo hay que leer de ese libro es dicho capítulo.
De forma bien irónica y divertida da algunos ejemplos de las clásicas situaciones en las cuales todos, incluso los que no han tenido aún hijos hemos caído o simplemente forman parte de la escuela de la vida.
Desde que tengo a mi hija Luna, se me cayeron muchos preconcebidos y cuando oigo a gente sin hijos repetirlos (como yo también lo hice miles de veces creyendome madre estrella) simplemente y en voz baja (es decir, sin retar a nadie ni mucho menos) me digo... te veré el día que seas madre. Y no lo pienso como una venganza dulce ni tampoco como una amenza, es que sinceramente muchas de nuestras "teorías" se estrellan contra la cruda realidad cuando somos los protagonistas de la historia.
Lo que me gusta del libro (si bien no comparto todo ni lo llegaría a considerar LA BIBLIA de la crianza de niños) es una excelente capacidad que tiene el pediatra Carlos González de "challengearnos" cambiando las situaciones descritas como terribles actos de desobedienia y mala educación en los niños pero que como por arte de mágia se transforman en excelentes cualidades si el protagonista de las escena tuviera más de 18 años. Lo que reconocemos en los adultos como cualidades es generalmente lo que criticamos en los niños como terribles defectos y muestras de desobediencia.
Otra de mis partes favoritas fue también unas citas que hace de un libro escrito en los años 18XX... en la que se hablaba de como los niños de esa época eran mal educados, respondones, voluntariosos e incorregibles... si, eso niños que eran nuestros tatarabuelos aunque cueste creerlo y siempre exista la creencia de que en tiempos anteriores todo era mejor y que los niños obedecian.
Ciertamente el cápitulo tres no tiene desperdicio y fue lo que más me gustó y sobretodo me hizo reflexionar.
Por momentos me cuestioné ciertas decisiones y tratos que he dado a Luna. Es cierto que bajo otra teoría serían los adecuados pero bajo las de este libro salgo raspada. También me hizo mucho pensar en mi educación y en mis recuerdos de infancia, como era y como me gustaba ser tratada o me hubiese gustado ser tratada (aunque ese ha sido un poco mi método de sentido común hasta ahora).
Es tan dificil como padres establecer el método más adecuado. Ciertamente voy a evitar algunos errores que flagrantemente he cometido (bajo su criterio) y que la lectura del libro ha llegado a convencerme. Pero creo que lo más importante y lo que debemos siempre tener en cuenta en este caso y en todas las otras relaciones humanas es el respeto. Si, nuestros hijos también lo merecen.
Al final del libro, en el Epílogo (en donde solté las lagrimitas) el autor se propone a dar algunos ejemplos basándose en el clásico trabajo de escuela titulado El día más feliz de mi vida...
Da varios ejemplos que tratan de dar una conclusión a lo que es la base de su teoría... Como criar a tus hijos con amor... tratando de probar que en cada momento feliz que recordamos en nuestra infancia, generalmente los padres están al origen de ellos.
Yo no sé si pueda decir que éste es o aquel fue EL día más feliz de mi VIDA pero si tengo clarísimo que entre mis recuerdos más felices de infancia está: un platito hondo verde de cerámica, mi pastina pequeñita preparada con queso crema y salsa de tomate Heinz, mi mamá y yo comiendo sentadas bajo la ventana del baño principal en absoluta complicidad (porque válgame Dios quien a dicho que el baño es un lugar "adecuado" para comer)... por qué esa ventana? por qué ese platito? no lo sé pero ciertamente es de los momentos que se quedaron gravados con tinta indeleble en mi memoria...un momento de simple felicidad!

* Bésame mucho- Como criar a tus hijos con amor- Carlos González- Pediatra

3 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

No sé que decir.
Buen fin de semana. Eso.

Besos.

Genín dijo...

Es cierto, con los recuerdos muchas veces no sabe uno el porque producen unos determinados sentimientos, el caso es que se producen y hasta caen unas lagrimitas, a veces de pura felicidad ¿O será nostalgia?
Besitos y salud

Anónimo dijo...

Tu método de sentido común es el que yo -que no soy madre- considero más adecuado. Yo me pongo en el lugar de los niños y pienso cómo me gustaría que me trataran, trato de no hacerles lo que no me gustaba que me hicieran... No sé si sea lo correcto, pero parece funcionar.