Claro que cuando en la ecuación entra el agotamiento extremo...el resultado es que aún queriendo y necesitando... no lo logro... por eso el abandono a este blog.
Ya hoy es diciembre y espero que con el cambio de mes las cosas mejoren un tantito.
Ayer terminé el mes con una terrible noticia. La muerte siempre es dura, pero cuando toca a gente joven y en plena vida, siempre me perturba más.
Pasé el día vagando como sombra...cuando me daba cuenta llevaba un rato simplemente pensando en ese pequeño Pocoyo*, Paco, como lo llamaba su orgullosísimo padre...Paco al que nunca le ví la cara pero tantos recitos oí de sus travesuras. Cuanta tristeza y vacío se instalaran en su corazón huérfano. Debe ser tan duro perder a su padre siendo tan chico. Hay gente que dice que siendo tan chicos olvidan rápido o no se dan cuenta...pero yo tengo una hija de más o menos la misma edad y estoy segura que si se daría cuenta y sufriría horrores (Dios nos protega).
Pensaba en su niña aún más pequeña. Su esposa, ahora viuda y con dos pequeñines. La vida es una vaina.
No éramos amigos. No en el estricto sentido de la palabra. Simplemente un colega. Un contacto en otra ciudad. Alguien con quien hablaba varias veces por mes por motivo estrictamente laborales y a quien ví personalmente 2 o tres veces en mis visitas a la compañía en Madrid, pero que tenía una actitud positivisima hacia la vida. A pesar de nuestra relación estrictamente profesional siempre me preguntaba primero por Luna, luego por mi embarazo y me soltaba alguna anécdota de su Paco. Su primer día de escuela, el autobús o el uniforme. Cotidianidades pues. Otras me comentaba algún episodio divertido de Pocoyo de quien Paco y Luna compartían fanatismo. Ciertamente un hombre muy cálido, familiar y padre al 100%.
Francisco murió éste fin de semana. Un infarto fulminante a tan solo 37 años, dejando dos niños menores de 4 años y aunque no era lo que se llama estrictamente un amigo, me pegó. Me recordó lo frágiles que somos y lo fácil que es que se nos voltee la vida en un segundo.
Y lamento, no poder si quiera decirle a la madre de Paco...que lo siento en el alma. Mi sentido pésame, aunque nunca llegue a sus oídos.
...y entonces eso de estar "sin tiempo" pierde sentido?
*Pocoyó: como nunca vi a Paco (ni en fotos) y lo poco que sabía de él era su compartido fanatismo por Pocoyó como el de Luna, siempre que su padre me lo mencionaba pensaba en Paco como si fuera Pocoyó.

