Recuerdo que para algún curso de laboratorio de biología me pidieron llevar caracoles...no sé ni para que, pero mi mama y yo fuimos a comprarlos a una tienda de esas en las que venden pecesitos porque la verdad jamás me tope uno diambulando a sus anchas por ahí, como lo hacen aquí.
Lo curioso de estos bichitos es que siempre salen a pasearse a la misma hora, justo cuando está cayendo la noche y les encanta atravesar las aceras de un lado a otro. A veces se pasean sin caparazón lo que los hace más vulnerables... y dejan siempre como un liquidito por donde caminan. Es todo un riesgo caminar en esta época del año sin ver al piso... ya que uno los estripa sin querer... a mi me parcen tan lindos que me duele en el alma cuando me doy cuenta de que se me atravesó uno y plaaash!!!


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