viernes, mayo 30, 2008

Desayuno francés, almuerzo español y cena italiana

Así fue mi recorrido gastronómico del día de ayer… una crepe en el avión de ida.
Unas buenas tapas madrileñas durante nuestra muy fructífera reunión y antipasto de alcachofas y calabacín como entrada, seguido de macarrones al ajo para la cena en el avión… nada mal para decir verdad.

Odio viajar, o más bien odio pasar la noche en vela recordándole a la virgen del Carmen cuan devota le soy (aunque sea siempre en tiempos de viaje) y cuanto quiero poder seguir disfrutando del "desamor" que me profesa mi hija (quien definitivamente ama a su padre y yo he sido hasta ahora su vehículo para estar con él, pero eso es tema de otro post). Odio el madrugonazo, odio esa sensación de angustia que me produce la posibilidad de perder el avión, odio las colas para el check-in, odio pasar seguridad, odio el olor de los mismos perfumes que pruebo en las tiendas duty free pero que nunca compro porque no quiero seguir aumentando mi colección de perfumes ya que jamás he terminado un frasco de perfume, odio los cambios de puerta de embarque a última hora que me hacen correr como loca por todo el aeropuerto, odio los aviones retrazados, los despejes y los aterrizajes y odio en general el tiempo perdido en aeropuertos.

Muy a pesar de ello, siempre que estoy viajando, extrañamente lo disfruto o consigo algo que me hace pasarla mejor. No sé si es que me ha tocado desarrollar una enorme paciencia con el paso de los años o tal vez un super desarrollado instinto de la resignación porque sé que una vez que se pisa la entrada al aeropuerto, nada absolutamente nada, ni siquiera mi propia vida, esta en mis manos hasta que vuelvo a salir de otro aeropuerto en el siguiente destino.

Lo cierto es que ayer a pesar del trasnocho, de las pesadillas (en la única hora de la noche que logré dormir) que incluyeron hasta al psicópata de Prision Break T-bag que nos tenía amarradas a Luna y a mi . A pesar del madrugonazo, y del dolor de cabeza que me produjeron los dos aterrizajes combinados con la sinusitis que me tuvo en cama hasta el miércoles, sobreviví una vez más a un día de viajes y para ser honestos, sin mucha amargura.

Cada vez que paso por Madrid me llevo la agradable sorpresa de descubrir un libro nuevo de Isabel Allende… ayer no fue la excepción.

Varias veces he hablado de ella, mi autora favorita, pero si definitivamente debo escoger uno de sus libros, me quedó con Paula… y desde ayer a las 5:10 de la tarde puedo agregar las 120 y pico de páginas que he leído de La suma de los días, continuación de Paula. Me pregunto si será que simplemente me gusta el chisme y enterarme de la vida de la gente, porque ambos libros son puramente íntimos y autobiográficos. Es raro porque yo chismosa no soy pero la vida de esta mujer es realmente de libro… o será que ella es capaz de hacerla cuento de libros…

Lo más chistoso es que el libro pareciera un blog. Los capítulos son cortos, llevan una cierta secuencia en el tiempo…y su destinatario es otra vez Paula, Isabel le sigue contando lo que fue el resto de su vida, después del día de su muerte… una vida por tanto llena de situaciones normales, humanas, pero que narradas por ella se tornan en relatos mágicos.
Así que mi odiado día transcurrió lleno de buena comida…apasionante lectura y una muy productiva reunión de trabajo que me recordó que hay cosas para las que soy buena y que a pesar de lo que siempre pienso, hay ciertos aspectos de mi carrera que me apasionan. Reunirme, llegar a acuerdos, definir estrategias y tomar responsabilidades clara, siendo los más apasionantes de ellos.

4 comentarios:

Michele dijo...

Maie, qué buena... no he leído Paula... a pesar de vivir en Chile y tenerlo a la mano... serán mi próxima compra... ese y el que estás leyendo ahora... qué entretenido...
a mí de ella me encantó la casa de los espíritus... viste la película???
con respecto a viajar... a pesar de todo lo desagradable que mencionas... y los peros.. YO AMO viajar... me encanta el despegue mas que el aterrizaje... me encanta ver gente... no sé... me fascina...

Mr. G dijo...

Venga, que estoy viviendo en Madrid. Cuando vuelvas con algo de tiempo, pues tapeamos, ¿te parece?

Un beso.

Maie dijo...

Michele, el problema es cuando uno comienza a viajar mucho por trabajo... a mi me toco viajar cada lunes y cada viernes durante 10 meses justo despues del 11 de Septiembre en los Estados Unidos... te juro que el paso por los aeropuertos se me convirtio en mi peor pesadilla. Juré que nuca más viajaría. Mi primer matrimonio lo destruyó indirectamente la distancia y el mal humpr que producen los viajes. En mi trabajo actual la intensidad era menor pero eran vaijes más largos 2 a 3 semanas en Chile, lejos de todo. Igual adoraba ir a Santiago, me encantaba trabajar con la gente allá y tengo una super amiga con quien disfrutaba mucho comiendo en su casa o saliendo a descubrir restaurantes en la ciudad pero estaba lejos...Ahora son todaví más cortos... 2 a tres días pero cada día me provoca menos y desde que nació Luna me da más miedo... no se si es miedo porque en realidad jamas le he tenido miedo a los aviones pero no me gustaria que mi vida acabase en uno de ellos...

Adijirja dijo...

Te entiendo. Hasta hace poco yo tenía que viajar muy a menudo, y lo de coger el avión lo llevaba muy mal.
Esos días laborales, como el que cuentas, son los que merecen la pena. Una lástima que, no suelan ser mayoritarios en el trabajo diario :)