La caída en mi ritmo de publicación bloggera se ha vuelto inquietante. En años anteriores, igual se notaba el fenómeno enero-marzo puramente producido por la temporada alta de trabajo (el cierre anual de mi compañía que se extiende de enero a principios de abril), pero lo de este año es doloroso. Van solo 6 post (7 incluyendo éste) en un mes y medio? Esta es la mejor medida de mi situación actual, porque Dios sabe que necesito escribir, pero ni eso logro hacer. No me faltan temas, no, por el contrario... temas hay de sobra. Me falta tiempo, me sobra cansancio y hay un cierto grado de... en el fondo no quiero (escribir)... porque lo que necesito escribir no es nada agradable y sobretodo porque como le escribía a alguien por email hace poquito, el juego está trancao... se me acabaron las fórmulas mágicas y estoy un tanto en una extraña calma desesperada. Yo que creía que el 2011 vendría más light que el 2010, pero no, son muchos y muy diversos los temas que me rondan la cabeza constantemente, pero son pocas las soluciones que se me ocurren. Tal vez porque estoy tan 100% metida de cabeza en el asunto que no logro tomar la distancia suficiente para ver los toros desde la barrera?. Esta última semana, además de sentirme de un agotamiento físico extremo (pase de factura de Venezuela + Barcelona), fue como si me dí a la tarea de no hacer absolutamente nada que no fuera en extremo necesario. No creo que se pueda llegar al extremo de decir que tiré la toalla, pero efectivamente no he hecho nada para cambiar, corregir, atacar o arreglar nada, simplemente veo repetirse los días uno tras otro, sin nada diferente. Estoy agobiada. Me siento zombi, como suspendida en el aire. No tengo cabeza para nada. La semana próxima estará bastante cargada. Leo comienza su iniciación a la guardería y tengo reuniones con la trabajadora social, el pediatra de la guardería y el pediatra privado. Por los lados de Luna, hemos decidido asistir a una consulta psicopedagógica para ver si nos da armas para atacar el problema actual (que no es más que una derivada de los problemas de siempre de carácter y necesidad de atención excesiva, pero ahora complicados con un hermanito) desde otra perspectiva. Las situaciones han sido tantas y tan repetitivas que si bien hubiese querido escribir ciertamente me duele mucho hacerlo en este momento. Por otra parte, sé que son ciclos, situaciones que se deben manejar y que gracias a Dios tengo dos niños sanos y hermosos, que nada es el fin del mundo y que existen situaciones más dolorosas y peores. Mis problemas de salud continuan sin mucha variación. Una leve mejoría pero nada del otro mundo. Estoy convencida que tienen una relación directa con el stress que mantengo desde que comenzó el año. Esta semana tiene sin embargo elementos positivos como el gran paso de Leo hacia el tetero. Luego de muchos intentos fallidos y de mometos de tensión, Leo por fin aceptó el tetero, le gusta y hasta lo espera con emoción. Además, está comenzando a dormir un poco más temprano. Sigue aún pegado a la teta pero ésta semana decidí no inquietarme por ese tema. Ya vendrá.
Lo más fascinante de los hijos es ese aprendizaje constante y como nos tumban todos nuestros paradigmas. Cada ser humano es único y con los hijos tenemos la oportunidad de experimentar esa unicidad. Leo y Luna se parecen muchísimo físicamente pero desde la barriga han sido bebés completamente distintos. Ni siquiera podría decir, opuestos sino, simplemente diferentes y únicos.
Hasta aquí lo escribí ayer, pero por una serie de motivos no logré culminarlo. --------------------------------------------------------------------------------------------
El post iba por los lados del paso al tetero (botella-biberon) así que vamos a darle contexto. Comienza el contéo regresivo. En menos de un mes me reintegro a la vida normal de trabajo y familia y en apenas 11 días Leo comienza la guardería. Es decir, que ya es tiempo de que Leo comience a independizarse de mamá y que mamá recobre un poco su vida. Cuando uno se lanza por los caminos de la lactancia materna exclusiva hay ciertas recomendaciones muy repetidas como las de no darle biberon al niño para que no se mal acostumbre y luego no quiera comer teta, por ejemplo. Algunas personas usaran su sentido común y diran, pero bueno es que eso es un instinto como lo va a perder (también lo es el apretar los deditos de los pies y si no se usa, se pierde). Otras con más conocimiento del tema diran que es posible. Mi experiencia con Luna fue que pude usar ambos métodos sin que hubiese complicaciones cuando los teteros eran poco frecuentes. Pero con la entrada a la guardería cambió y casi automáticamente ella dejó la teta. Con Leo, al quinto día de nacido me tocó dejarle un tete mientras nos fuimos al concierto de U2 y no hubo rollo, se lo tomó feliz. Luego por ahí entre el mes y medio dos meses agarró unas lloraderas nocturnas y durante un par de días le dimos un tete por si acaso era hambre... es cierto que nunca se lo comió entero y también es cierto que no lo digería ya que los pocos buches que ha hecho fueron casi siempre cuando agarró el tetero. Estas experiencias me hicieron pensar que el pase al tete sería algo natural, simplemente dependería del día en que yo decidiera hacerlo. Es más, me inquietaba mucho más el hecho de que por cansancio o stress yo me quedara sin leche. No el paso al tetero. Cuando decidí viajar a Venezuela me propuse continuar aún más con la teta. Era mucho más práctico para un viaje tan largo. Mi mamá me insistió en que me llevara un tete y la leche para ayudarme a iniciar la transición y permitirme descansar. Nada de esto ocurrió y en el viaje a Venezuela, quizas por el cambio de ambiente, seguramente por el violento cambio de clima, Leo se afianzó más a la teta. Pedía practicamente cada media hora o una hora. El rechazo por el biberon se hizo evidente. Es cierto que hubo dos eventos acá en Bruselas que pudieron lanzar la alarma, el primero ocurrió el día que los dejamos a ambos con una babysitter. Leo no comió nada y pasó 3 horas llorando sin parar. Le atribuímos el asunto a la inexperiencia de la chica, ya que a Luna la encontramos durmiendo con lentes, digo no tiene nada que ver pero... El segundo fue más reciente. El 13 de enero fue mi cena de año nuevo en la compañía. Me fui a las 6 dejando a Leo recién comido y volví a las 11:30. Ludo debía darle un tete a las 9. Encontré a Ludo desesperado porque Leo había rechazado el tetero y solo lloraba. Así pues ésta semana ya dejaba de ser un juego el tema y el objetivo de la semana era el paso progresivo al biberon. Para ello volví a pedir información en la oficina de la infancia y me recordaron que primero se reemplazaba una hora de teta por un biberon, la siguiente vez dos horas de teta y luego el resto, dejándo a mi conveniencia la posibilidad de mantenerme en régimen combinado (teta+tetero). Ayer miércoles, luego de los fallidos intentos de mi mamá en Caracas, luego de cambiar a varios tipos de tetero y de varios intentos por el método progresivo hechos desde el lunes, decidí hacer uno más forzado. Dejarlo pasar hambre al menos medio día (ojo de 9am a 12 del medodía). Me armé de paciencia porque lo que venía no era fácil. A pesar de que muchos puedan pensar que estaba en desesperación y estresada, no era así, lo llevé muy bien. Leo lloraba sin parar, pero rechazaba sistemáticamente el tetero. Lo acurruqué, le di muchos besos, lo mantuve en brazos y mientras lo hacía buscaba más y más información y llamaba a mis amigas para que me contaran sus experiencias. Llamé también a una de las puericultoras de la guardería con quien tengo confianza y finalmente llamé al pediatra. Lo que me dijo el pediatra me sacó un poco de mis cabales debo confesar. Por una parte me dió la solución pero por la otra me dió un pedazo de información con la cual no me esperaba. La buena noticia fue, haga una papilla de leche con cereal de arroz y désela con cuchara, ya verá que es "más fácil" y "mejor" porque seguro es de esos niños que "no agarran tetero". Pedí aclaración, es decir, que momentáneamente no agarran tetero o "nunca" agarran tetero? El pediatra me dijo, si señora hay niños que no soportan las tetinas (el agarró chupón? no le gusta verdad?) y nunca toman tetero, lo cual desde un punto de vista médico no es nada malo, concluyó. PLOP... caí sentada. Todos mis paradigmas al suelo... debo confesar que para mi las palabras bebé y tetero son (eran) indivisibles. Jamás había oído hablar de un niño al que no le guste el tetero. Incluso puede que no les guste la leche pero no el tetero como instrumento. Si con todo el stress de la lactancia materna el enemigo número uno a combatir era precisamente ese terrible señor tetero que les hacía la vida tan sencilla que simplemente los robaba de la teta de las madres... cómo es eso? Ya sé, no es nada grave por Dios es simplemente menos práctico y me complica un poco con respecto a mis planes de parar la teta completamente. Salí rauda y veloz a comprar lo necesario y a las 2:30 PM Leo degustó su primera papilla de leche con arroz "la cual aceptó" con absoluta felicidad. Bueno 10 tristes cucharaditas pero al menos con emoción y sonrisas y no con asco y horror como le hace al tete... eso sí, pidió su teta al terminar. Aunque respeto mucho la opinión de mi nuevo pediatra, quien por ahora las ha pegado todas, no pienso dar por sentado que esto será for ever and ever... al mismo tiempo la puericutora de la guardería me había ofrecido venir a tratar de darle un tete y me calmó diciéndome que en la guarde igual le darán su papilla de leche si es necesario. Acepté su oferta y vino hoy en la mañana. Resultado: se comió un poco más de 30cc y sin lloriquear... distraído... Pero no le veo un fin cercano a este asunto y desde un punto de vista físico me será muy agotador continuar la lactancia materna cuando comience a trabajar, además, tampoco tengo deseos de hacerlo, por diversas razones que si me provoca escribiré en otro post. Pensar que Luna dejó la teta casi de inmediato cuando pasó al tetero en la guardería y que aún hoy toma tetero mañana y noche y la negociación para eliminarlos no está ni siquiera servida. Tengo dos hijos maravillosos y ciertamente únicos... pero a veces podrían ser un poquitín más...standard, digo, pa´ simplificar, no?
Soy venezolana pero vivo actualmente en Bruselas, luego de haber pasado hermosas temporadas en US y Francia, razones por las cuales además de español hablo y a veces escribo en inglés y francés. Toda mi familia esta en Venezuela, menos mi tio Victor Manuel que vive en Estados Unidos. Mis amigos estan un poco regados por el mundo: US, España, Chile, Costa Rica, UK, Francia, Argentina, Colombia, entre otros. Desde este espacio intento compartir con mi familia y amigos mi día a día para estar más cerca. Disfrutenlo!