La verdad no sé si lo escribí por acá?. O no?, o lo hice y lo borré?, pero de un tiempo para acá las cosas con Luna han estado más difíciles que a lo que nos tenía acostumbrados.
Pensamos que es una mezcla de celos por el hermano con el hecho de no tener más su titi (chupón) el cual dejó con mucho éxito el mismísimo 24 de diciembre. O al menos con poca crisis directa. Tal vez lo que ocurre en estos tiempos es la consecuencia indirecta de no tenerlo? Ciertamente drenaba muchas energías con el chupón.
Este episodio en particular comenzó un miércoles cuando como de costumbre la fui a buscar a la escuela para llevarla a su adorado (hasta ese momento) ballet. (Miento, había comenzado antes pero con simples comentarios que no pasaban de allí y se desmoronaban con la emoción de llegar a la academia).
Pero ese día desde que salimos del salón de clases en la escuela me dijo de manera muy malcriada que ella no le daba la gana de ir al ballet. Le dije que si iríamos como cada miércoles, y aquello degeneró en una discusión bastante fuerte, la senté en su silla del carro y se paró con todo y cinturón de seguridad puesto, así llegó a la academia de ballet, parada, pero amarrada.
Una señora tuvo que ayudarme a subirla por las empinadas escaleras que conducen a la academia de danza porque yo no lograba hacerlo con el maxi-cosi del bebé en un brazo y ella pegando gritos y oponiendo resistencia en la otra mano.
Logré convencerla de que se vistiera y de que entrara a la clase, convencida (yo) de que al estar adentro, como las otras veces, pues se dejaría llevar por "el flow", como casi todos los niños hacen, y bailaría.
Pues no, mi hija no, ella estuvo durante una hora sentada en una esquina observando la clase pero no movió ni una uña. Para gran sorpresa de la profe y de la Directora, expertas en niñas de esa edad.
Mi razón ese día era basada en que cuando uno toma este tipo de actividades debe existir una disciplina. Además me parecía que era una malcriadez venida de ningún lado porque siempre había disfrutado de su clases de ballet, e incluso en ocasiones previas cuando había dicho que no tenía ganas, al llegar allí se le quitaba todo e iba emocionada y salía de allí aún más contenta.
Todas las personas que presenciaron la escena, desde la Directora hasta algunas madres me dijeron que había hecho lo correcto. La opción más simple era evitarse todo el peo e irse a casa pero yo no, yo fui firme y le expliqué, los miércoles en la tarde es el día del ballet y para allá vamos y allí permanecí una hora para verla salir sonriente diciéndome, me quedé toda la clase sentada viéndo a las otras.
La siguiente clase fue sin problemas, luego vinieron las vacaciones y cuando yo me fui a Venezuela Ludo hasta tomó sus dos tardes del miércoles para llevarla. Luna comezaba un poco el mismo cuento pero al final iba, y disfrutaba su clase feliz.
A mi regreso, me toca ir otra vez a buscarla. Ese día ella estaba decidida a no ir y si el show de la primera vez fue terrible, por éste se ganó el Oscar a la mejor actriz dramática en series de improvisación. Porque comenzó así, sin previo aviso. Luna ni siquiera quizo subir al carro. Logré que lo hiciera pero estando en el, pegó su espalda contra el asiento de adelante y con una mano se aferró a la barra del posa cabezas y comenzó a gritar que ella no iba a ir al ballet.
No hubo fuerza en el mundo, ni incluso con la intervención de una maestra logramos que la niña se sentara. Pasé la media hora (congelada afuera del carro) entre que la busqué y debía llevarla a la clase de ballet tratando de lograr que se sentara en el carro. Finalmente partí, rumbo a casa, luego de media hora de negociación con Luna parada de espaldas a la silla del copiloto, inmóvil y decidida a amarrarse allí hasta que sus objetivos fueran logrados.
Sintíendome absolutamente fuera de control y muy frustrada, mientras Leo lloraba y lloraba desesperadamente, también desde hacía media hora, me fui a la casa.
La única razón que me daba era que ella no tenía ganas porque quería jugar en su casa.
Al llegar a la casa, hecha una furia, lo reconozco, simplemente agarré todos sus juguetes preferidos y todos sus libros y por la primera vez en 3 años y medio la castigué con lo que más le duele. Le dije: ah tu no querías venir a jugar en tu casa? bueno de ahora en adelante ésta es tu casa: sin juguetes y sin libros. Que la disfrutes! (si, ciertamente discurso fuera de lugar para dárselo a una nena de esa edad... pero...).
La crisis duró 4 horas. Si, durante 4 horas esa niña gritó, pataleó, lloró, le dió patadas a la puerta de su cuarto y por supuesto llamó a su papá (el bueno de la película vs. la bruja mala). Fue bastante intenso y muy duro para mi emocionalmente hablando).
Pasó dos semanas sin juguetes y sin libros y tuvo que pasar muchos días portádose bien hasta que progresivamente recuperó sus cosas.
Debo confesar que cuando se calmaron los ánimos, me sentía que había exagerado un poco en quitare tantas cosas y no sabía como manejar la situación de allí en adelante. Cuanto tiempo guardar las cosas?. Dárselas de nuevo? No se llama a eso chantaje? en fin... Por otro lado, tratar de entender qué generaba la situación?
Cuando decidimos inscribirla en la danza lo hicimos sobre seguro basados en los resultados de su curso de verano de ballet. Ella adoraba el curso y el feedback recibido fue excelente. Estaba lista, lo hacía muy bien. Yo encontraba que era muy chica y para ser honestos no quería quemar ese cartucho tan rápidamente pero me convencieron los argumentos y sobretodo su felicidad al ir y venir. Y así fue durante 3 meses.
Las maestras han tratado de entender la razón de la pataleta. Se nos ocurrió que sería que efectivamente tenía ganas de pasar tiempo en casa. Le ofrecimos ese tiempo y no insistimos más en el tema del ballet.
De tiempo en tiempo hablábamos del ballet y del espectáculo que están preparando y que tanta ilusión le hacía a Luna bailar en un teatro...
La semana pasada luego de 3 semanas de ausencia llamé a la Directora para formalizar la situación. Luna no va más.
La Directora me convenció de lo contrario. Me dijo que basada en su experiencia de tantos años lidiando con niños de esa edad, que complacerla era darle un signo de debilidad que la marcaría para el resto de su vida y darle la señal de que ella es la que decide (desde los 3 años). Que qué haría el día en que "ella decidiera" que no tenía ganas de ir a la escuela y blablabla. Todo lo que me dijo coincidía con mis razones disciplinarias pero la situación era muy incómoda y desconcertante. Me dijo que Luna era de las más motivadas y que cuando estaba en su clase las disfrutaba mucho. Me comentó que las dos veces que su papá la llevó todo se había pasado super normal y que el problema era seguro el bebé y los celos. En fin.
Decidimos darle otro chance. Aprovechando que Leo ya está en la guardería, queríamos ver si en efecto el "problema era el bebé". Constantemente y en diversas situaciones traíamos el tema del ballet a la mesa y la respuesta de Luna fue siempre. Yo no quiero ir.
Hoy era el gran día. Decidimos no decir nada ni crear muchas expectativas. La fui a buscar más temprano, le comenté que iríamos a hacer unas compras y a comer la merienda juntas.
Desde pequeña siempre hemos sido muy honestos con ella y le explicamos todo. En algún momento tuvimos ciertos problemas cuando le creabamos demasiadas expectativas a una niña que aún no maneja noción de tiempo y decidimos hacer los anuncios realmente momentos antes. Pero nunca me he sentido cómoda con llevarla a traición a un sitio, a donde por demás sé que NO quiere ir.
Sinceramente me fui a improvisar. No sabía como manejar la situación. Estaba en juego la confianza. Si la forzaba a algo que ella había dicho tantas veces no querer me estaba jugando la pérdida de su confianza, y que en una próxima oportunidad simplemente no quisiera venir a hacer nada conmigo porque a lo mejor yo tenía otros planes ocultos. Pero y en todo esto dónde queda la disciplina? es ella quien decide?
Lo único que hice fue llevarme la ropa del baller en mi cartera y no en su morral. Luna es demasiado pilas y el solo ver el morral hubiese dado alarmas.
Llegamos una hora antes. Estacionamos en la zona comercial. Entramos a una tienda, le compré algunas cosas que necesitaba y otras que no tanto pero que estaban muy bien. Tuvimos que negociar una pequeña malcriadez de unos perfumes que quería que le comprara ajuro y que simplemente no compré porque ya le estaba comprando 2 franelas (que necesitaba), una bata de princesas y un traje de baño de princesas (que no) y tuve miedo de que la crisis comenzara antes mismo de ir al ballet- lo confieso- pero creo que lo manejé bien. Llegamos a la caja y simplemente le dia a la señora de la caja los perfumes que Luna rehusaba a poner en su sitio y le dije, esto no lo quiero. Asunto cerrado. Luna no dijo ni pío.
Luego fuimos a la heladería de la esquina.
La conozco tan bien, que siempre supe que ella sabía en donde estábamos. Al entrar le ofrecí comprarle una torta de chocolate (lo hice a propósito para ver si ella me pedía un helado- el mostrador es muy alto y ella no podía ver que había- y así confirmar que ella sabía exactamente donde estábamos). Me dijo, no mamá,
yo quiero un helado. Lo sabía!
Sentadas comiendo helado le suelto: Luna, sabes que estamos muy cerca de la academia de ballet.
Si, mamá yo sé- me responde sin quitar los ojos de su helado. (Lo sabía!)
Qué te parece si vamos a darles un saludito a la Directora y a la profe?
Ok mamá, pero después seguimos haciendo compras ok- me responde, aún sin quitar ojos de su helado.
En esa respuesta supe que no habría negociación posible.Luna iba a "saludar" no a bailar. Y así fue.
Ni la Directora. Ni ver a las otras niñas. Ni su papá al teléfono. Ni ver los hermosos trajes del espectáculo que la Directora estaba sacando de cajas. Ni la Profe, lograron convencerla.
Yo, no insistí. Ella tendrá sus razones pero esa batalla estaba perdida.
Mi problema era ético. En donde se encuentra el límite entre hacer respetar la disciplina y obligarla a vestirse y bailar... y en donde el grado de confianza que a partir de hoy Luna tendría en mi sabiendo que le digo que vamos a hacer otra cosa y al final termino llevándola al único lugar donde ella NO quiere ir? No es esto una especie de traición? y en nombre de la disciplina y de mi condición de madre... tengo derecho a traicionarla por su supuesto bien?
Ah pero más tardecito si me tocó el momento de darle cuerdas a la disciplina y de volver a repasar todo el asunto mil veces...
Al salir de "saludar" íbamos vía al supermercado a comprar unas frutas para Ludo y vimos una tienda con disfraces. Viene el carnaval, hay qe comprar uno para la fiesta de la escuela y he visto muchos pero no me decidía a comprarle cualquier cosa sin que ella lo viera antes. Como era de esperarse escogió un hermoso vestido de princesa con sus guantes largos rosados, collares, un cintillo con colitas a los lados... una divinidad de disfraz y sobretodo muy económico.
Llegamos a casa y aquello fue ponerse el perolero encima, fotos y un momento bien divino que disfrutamos juntas. Que rico!
Hora del baño y sobre su piyama se puso la nueva bata de princesas en polar que es buenísima para el frío, estaba muy contenta con sus cosas nuevas, pero a la hora de comer, me suelta con la misma frescura que ahora dice "
no tengo ganas de ir al ballet" un "
no tengo ganas de comer pescado, hazme salchichas".
Muy calmadamente le dije, Luna, el plato hoy son deditos de pescado, no salchichas, siéntate a comer.
Y entonces se puso malcriada.
No sé si fue mi frustación acumulada con el tema del ballet y el no saber a ciencia cierta si lo he manejado como se debe. O si fue la rabia que me dió que luego de consentirla y jugar con ella durante toda una tarde me salga con esas actitudes, pero simplemente fui implacable, ni siquiera le discutí o subí el tono, le dije siéntate a comer y si no vas a comer te vas a tu cama. La cosa se puso más fuerte y simplemente, sin mucho escándalo, le quité la bata que tenía puesta y las recientes compras, las metí en la bolsa de la tienda y la acosté en su cama.
Comenzó a llorar y a armar su crisis y le di la opción de venir a comer para recuperar sus cosas. No como chantaje sino como algo simple. La comida está servida, la tomas o la dejas pero deja el escándalo. Siguió con la malcriadez y entré de nuevo a quitarle todo el ajuar de princesa. Siguió aún más molesta. Lloró y pataleó por unos 30 minutos pidiendo una a una sus cosas.
Yo quiero mi disfraz, yo quiero mi bata, yo quiero mis collares. Trenta minutos que yo utilicé para calmarme y pensar. Al cabo de ese tiempo entré una vez más a su cuarto y le dije: No tienes necesidad de armar ese escándalo. La respuesta la tienes en tus manos, tu comida está en la mesa. Tu comes y todo lo que compramos hoy es tuyo. Así de simple. La respuesta está en obedecer.
Se paró en seco, vino a la mesa y se comió todo sin más comentarios.
Me dió mucha rabia constatar que uno les da una mano y le agarran el brazo entero. Que peo es educar chamos. Que triste es ese balance entre los momentos de disfrute y la disciplina y que rabia da constatar que aprovechan las más mínima oportunidad. O de nuestras dudas.